AUTOCENSURA EN DEFENSA PROPIA

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“Siempre lo estáis catalogando todo”

No habré escuchado veces esta frase y, para qué mentir: es cierto, el colectivo LGTB lo cataloga todo. Parece que tiene un muestrario de identidades, formas de expresarse, formas de sentir, formas de interactuar, orientaciones múltiples y de toda clase. En definitiva, a veces es tan complicado entenderlo, que ni yo, que formo parte del propio me entero bien a veces.

Y aunque parezca una frase típica, creo que hay que ir con cuidado con los extremos. Primero, no estoy en contra de catalogar si es para señalar algo que no ha sido señalado, es relevante y afecta positiva o negativamente a un colectivo concreto, pero, por otro lado, debemos ser cautos y no caer en lo insustancial.

Es decir, catalogar para señalar, pero no para hacer prisioneros. Y especialmente, no inducir al error, porque pienso sinceramente que el colectivo LGTB -por las razones que sean- no han sabido explicarse bien en materia de transexualidad y en cierto modo creo que si de algo han pecado es de no decir toda la verdad, porque hay un nuevo discurso que está invadiendo e invalidando espacios muy críticos que pretende sacrificar la verdad con el pretexto de la libertad. Lo cual es muy peligroso. Tan peligroso como no aceptar la existencia de la transexualidad y su extrema vulnerabilidad como colectivo.
Aunque de este tema ya hablaremos otro día.

En cualquier caso, vamos a las famosas catalogaciones. El otro día volví a entrar en Facebook y vi cómo una persona se burlaba -con cierta sorna- sobre el concepto de “plumofobia” y pienso sinceramente que no lo debía hacer con ninguna mala intención, simplemente parecía expresar –en pleno ejercicio de su libertad y con el tono que consideraba- que esa catalogación era rizar el rizo.

Repito, son experiencias negativas que afectan a un colectivo internamente, pero también externamente, por tanto, al ser algo meramente simbólico y no tangible, hay que ponerle nombre. Quizás acertaríamos más si habláramos de estereotipos de género, pero es un término que entiendo que se configura en el seno de la academia y quizás no llega al gran público, que al menos para mí, es el objetivo final.

La plumofobia sería cualquier expresión y/o actitud aversiva a lo que entendemos por pluma. En el caso de los hombres, una feminidad entendida sobredimensionada y en el caso de las mujeres, una masculinidad quizás más llamativa o identificable. Digo sobredimensionada y llamativa desde la lectura social.

Esta discriminación evidentemente nace en el seno de un mandato patriarcal. El género como contructo se atribuye a varones y hembras no de forma casual, sino por todo un proceso de aprendizaje que atribuye características de la feminidad y la masculinidad a cada uno de los sexos._JknZ5X4jD6X-TEQo6GoGoXXXL4j3HpexhjNOf_P3YmryPKwJ94QGRtDb3Sbc6KY

En redes sociales, en páginas de contactos de internet y demás, muchos hombres demandan prácticas sexuales o conocer a personas sin pluma, es decir, muestran un rechazo a conocer a hombres que no encajen en los modelos de masculinidad tradicional. Con lo cual los hay que han criticado que muchos hombres, pese a ser homosexuales y entender el contexto hostil en el que viven, la censura, el aislamiento o el separatismo involuntario, sigue perpetrando conductas que podríamos entender como mandatos patriarcales hetero normativos.

Hasta aquí no tengo problema, mi problema surge cuando empezamos con las culpas y a exigir responsabilidades.

La mayor parte de hombres homosexuales que rechazan la feminidad en otros hombres lo hacen por varias razones. Primero porque creo que la construcción cultural del varón rodea la masculinidad y el atractivo sexual se basa parcialmente en esa conducta, por tanto, pienso que el atractivo sexual del varón lo identificamos en su masculinidad, no tanto en su sexo. Por otro lado, la negativa a la feminidad “llamativa” o “identificable” en un varón es considerada una infradotación en muchas cuestiones, como les ocurre a muchas mujeres, entendiendo que la idea de la “feminidad igual desempoderamiento” es algo no sexual, es casi como una mujer o que puede ser rechazado de forma violenta o desagradable y por último, el miedo.

Yo creo que el miedo es el eje de discriminación por antonomasia en las relaciones homosexuales entre hombres. Primero, porque saber que estarás saliendo o tendrás una relación con otro varón afeminado o con rasgos atribuibles a la feminidad te pone en el foco principal de violencia familiar y callejera. Segundo, porque piensas que identificarán vuestras vidas a primera vista, que serás objeto de burla, de debate, catalogado como el hombre o la mujer de la relación, la comidilla de la empresa en la que trabajes y vivirás tu relación con censuras y en definitiva, sin libertad.

Los hombres gays desarrollamos una manía persecutoria, no digo que psiquiátrica, pero sí en cierto modo obsesiva. Estamos permanentemente mirando a todos lados cuando nos besamos, cogemos de la mano o hacemos cualquier muestra de cariño pública.

Tenemos miedo permanente a ser objeto de burla, de violencia o de cualquier clase de agresión o expresión discriminatoria. Este clima de miedo a la violencia homófoba es un rasgo disciplinario fundamental que debe primar en el modelo patriarcal para ejercer la opresión a aquellos que son entendidos como “personas non gratas” en un espacio dominado por una mayoría hegemónica.

Nos damos cuenta que caminando, la gente se ríe, nos mira, hasta un día me fotografiaron, no vivimos libres, cómodos, seguros y tranquilos. Vivimos en constante tensión.

Tensión que acaba cuando entramos en un bar de ambiente. Yo me di cuenta de la tensión a la que estaba sometido y por otro lado, a la que patológicamente me había acostumbrado cuando entré en un bar de ambiente. De repente, nada importó, de repente, daba igual si me besaba con mi novio, nadie me miraba. Todo estaba bien.

plasticaQue en la mayoría de los espacios no me sienta 100% seguro no es casualidad y que en uno donde sé y tengo la plena seguridad de que está permitido ser lo que soy, tampoco.

Los bares de ambiente son sitios en los que nos sentimos seguros, lugares donde sabemos que podemos ser nosotros mismos sin miedo, sin autocensurarnos, sin nada más que nuestra realidad que podemos vivir libremente allí dentro en unos metros cuadrados. Incluso donde vivir nuestra sexualidad explícitamente si así lo deseamos.

Espacios LGTB donde no hay nada más. Espacios donde, por cierto, es muy común encontrar a mujeres heterosexuales que escapan del acoso sexual y encuentran la tranquilidad de no ser, al menos por unas horas, objetos sexuales.

Los hombres homosexuales escapamos y no abrazamos nuestra personalidad, nuestras preferencias y gustos en su totalidad por miedo a ser brutalmente agredidos, humillados como asesinados. La plumofobia es una aversión consecuencia de la negación colectiva, que nace del imaginario normativo sexual y se materializa a través de un sentimiento de insatisfacción, frustración y censura que genera muchísimos estadios de dolor, tristeza y sufrimiento que al tiempo trasladamos.

Dejamos de ser a través de la censura lo que otros son con plena libertad.
La plumofobia no es solo violencia puntual y esporádica de la homofobia internalizada de un tercero, es una cárcel con las puertas abiertas, que acabará, cuando seamos quien nos dé la gana de ser sin miedo.

Las personas heterosexuales en muchas ocasiones no pueden entender lo difícil que es ser tú mismo y construirte a ti mismo en un mundo que te odia, que te quiere muerto, que se ríe de ti, que te humilla en cada rincón, que te golpea, te hiere por fuera y por dentro hasta que ya no puedes más.

Desde la óptica patriarcal la feminidad es sinómimo de desempoderamiento y los varones homosexuales somos leídos como la parte femenina de la masculinidad y algunos están empeñados en hacernos entender cuál es nuestro lugar en el mundo a través de medidas coercitivas, violentas e intimidatorias que a través de la autocensura pretendemos escabullir para parecernos a ellos.

No es homofobia internalizada o plumofobia, es autocensura en defensa propia.

Y repito, no estoy justificando una actitud homófoba por parte de una persona cropped-rainbow-heart_midsize.jpghomosexual porque lo sea, lo justifico, porque el primer perjudicado es él. No hay que olvidar que cualquier expresión homófoba perjudica a los homosexuales, sea cual sea el emisor de ese mensaje. La diferencia es que si una persona heterosexual manda el mismo mensaje, perjudica a un tercero, no a él mismo y justo ahí es donde se materializa la homofobia más dañina: en la impunidad, en la ventaja y el privilegio.

Yo no creo que haya ni un solo homosexual en el mundo que no mire a los dos lados de la calle antes de besarse con su novio para despedirse, por si hay “alguien”. No creo que haya alguien en el mundo que sea homosexual que al darse ese beso, si pasa un grupo de chicos, espere a que pasen de largo para dárselo por si les dicen “algo” y que no haya muchos que hayan dudado si en la mesa de al lado les vaya a parecer mal que se besen, les parezca inapropiado “porque hay niños”, se quejen y les echen del sitio que sea.
Por no hablar de aquellos que no son censurados sino directamente condenados a penas de prisión, muerte o violencia familiar, institucional, callejera y de todo tipo, totalmente permitida por el estado y por la sociedad civil.

Además de que se hace un discurso muy perverso alrededor de todo este tema. No solo se culpa a los homosexuales de autocensurarse porque “lo eligen” sino que la “elección” de “liberarse” es regalar directamente tu integridad física y psíquica a tu agresor o agresores.

Lo que te vienen a decir es que si dices que eres gay, te pueden dar una paliza en la calle, pero si no lo dices, eliges condenarte a la autocensura y pasas a formar parte de ese grupo tan maravilloso catalogados como “reprimidos”. Por no hablar de la vinculación tremendamente cruel de “salir del armario” y “liberarse” con la valentía.

No es cuestión de valentía o cobardía. No es cuestión de que se nos lleve a límites mentales en los que hay días que no podemos más y que ya no aguantamos. No es tumblr_mx39apM5ek1qkpd0co1_500cuestión de probarnos y decidir con un divertido juego cruel, algo así como un darwinismo homófobo, en el que decidimos que maricón puede enfrentarse a su duro destino. No es cuestión o no debería ser cuestión de quién es más o menos valiente para decir en el trabajo que tiene pareja y es de su mismo sexo, es que directamente no debería ser un hecho cuestionado, ni un objeto de debate, ni una charla de trabajo en la que te perdonan la vida y quieren un premio porque “te respetan” y “les parece bien”.

Gracias a todos los heterosexuales que he conocido por no meterme agujas bajo las uñas y darme 14 puñaladas.

“¿Por qué no dice que es gay si lo es?” “Por qué dice que es gay? Solo quieren llamar la atención”.

Un día me dijeron esas dos frases en una misma mañana dos personas distintas y quería pegarme un tiro. Si lo dices, mal y si no lo dices, mal. Aclaraos.

No es cuestión de valentía, es cuestión de tener ánimo para entrar al trapo y de tener un desarrollo emocional, una salud mental impecable y muchas ganas de afrontar tu vida por el deseo irrefrenable de ser libre, porque repito, es como mandarle la ubicación por whatsapp a tu acosador. Tengo que decir que es agotador y que genera mucho, muchísimo dolor que en muchos casos soportas, pero a veces es demasiado. No es para desanimaros, sino todo lo contrario, es para animaros.

Somos los hijos de los que murieron por nosotros y ahora tenemos la oportunidad de ser los padres de los que vivirán.

No queremos ser valientes, queremos ser quien nos dé la gana de ser.

Porque ¿sabéis qué? Vamos a ganar.

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Antoni Miralles Alemany

2 comentarios sobre “AUTOCENSURA EN DEFENSA PROPIA

  1. Enhorabuena por el artículo. He visto el enlace en el muro de Facebook de la Pajarera Magazine. Ese deseo irrefrenable, y un poco malévolo, de catalogar todo y a todos es muy interesante. Muy descriptivo. El problema es el sesgo que cada uno aplica y el nivel de consciencia cuando lo hace, reaccionando de manera equivocada la mayoría de las veces. Si a eso le sumas la presión social, es una mezcla muy peligrosa. Desde niño mis padres me inculcaron que hay que estar muy seguro con uno mismo para no tener ganas de “juzgar” a los demás. Etiquetar implica un juicio previo. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar y etiquetar a los demás? Posiblemente víctimas de nuestro entorno. Saludos

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  2. Muy de acuerdo. Es necesario poner nombre a cosas que tienden a ser invisibilizadas. Sin eso, es difícil empezar a luchar por sus derechos. Existe la diversidad y tiene que ser nombrada. Pero hay que ser conscientes del poder y peligro que conlleva etiquetarlo todo, tomar responsabilidad sobre ello. Gracias!

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